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Bombillas de bajo consumo

Bombillas de bajo consumo

Las bombillas tradicionales, patentadas por Thomas Alva Edison a finales del siglo XIX, han permanecido casi sin cambios desde su invención y se basan en la incandescencia de un filamento metálico. Sin embargo parte de la energía eléctrica necesaria para poner al rojo vivo el filamento se desperdicia ya que solo convierten en luz el 15% de la electricidad que consumen, el resto es calor.

Las bombillas de ahorro de energía o de bajo consumo son una alternativa muy interesante ya que permiten economizar entre un 60% y un 80% de energía eléctrica para producir la misma luz que una bombilla tradicional. Es decir, la mayor parte de la energía que consumen la convierten en luz y no en calor. Un menor gasto de energía eléctrica contribuye a reducir las emisiones de CO² a la atmósfera, principal causante del cambio climático, ya que la mayor parte de la energía que consumimos procede de la quema de combustibles fósiles. Ahorrar energía ayuda al medio ambiente.

La eficacia lumínica de las bombillas de bajo consumo es muy superior a la de las tradicionales. Una bombilla de 20W ilumina lo mismo que una tradicional de 100W (un ahorro del 80%). Su vida útil también es muy superior: oscila entre 6.000 y 10.000 horas, es decir, de 6 a 10 veces más que una bombilla tradicional, cuya vida útil es de 1.000 horas. Aunque el precio de las bombillas de ahorro de energía es mayor, su eficacia energética termina imponiéndose a su favor y además contribuiremos a reducir las emisiones de CO² a la atmósfera.